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July 15 Soy tu fantasía
Soy tu fantasía Soy yo en quien piensas cuando te abandonas en tu lecho Soy yo con quien sueñas cuando te estremeces en brazos de otro, y con quien viajas cuando dejas vagar tu mente en la oscuridad Son mis labios los que sientes deslizarse sobre tu cuerpo cuando sientes escalofríos, las yemas de mis dedos leyendo tus pliegues, tus valles y tus montañas, mis soplos los que desordenan tu cabello Soy yo a quien no puedes dejar de mirar cuando pasas de largo y deseas pararte Son dedicadas a mi tus palabras muertas antes de ser pronunciadas, tus deseos antes de ser anhelados, tus sonrisas antes de convertirse en carcajadas Soy yo a quien siempre buscaste sin saberlo, a quien cuentas tus confidencias desde el primer momento, el único en quien confías y el último al que acudes Soy yo a quien sigues, a quien persigues, a quien encuentras Soy yo a quien casi amaste, al que casi besaste, de quien esperaste el primer paso, Soy yo quien a punto estuvo de derretir tu coraza de hielo Soy yo a quien abrazaste un instante más allá de la formalidad, a quien besaste en las mejillas un suspiro más allá del cómo estás y del hasta luego Soy yo quien te hace sentir culpable, el “¿y si..?”, el de otra vida, el de otro momento, el que nunca pudo ser Soy tu insinuación Soy tu fantasía Soy la fantasía de todas Soy la realidad de ninguna July 06 La pirata Mery
De todas las mujeres piratas que navegaron el Mar Caribe, sin duda la más temida y admirada era la pirata Mery. Poco se sabía de su pasado, y muy pocos tuvieron la fortuna de conocerla lo suficiente como para atravesar aquella coraza de pirata que la acompañaba por los 7 mares. Ni siquiera se podía confirmar que aquel fuera su verdadero nombre. A veces su mirada se encontraba perdida, mirando al horizonte anhelante, quizás soñando con la tierra que la vio nacer, quizás soñando con volver algún día. Se rumoreaba que Mery había nacido en una isla del Atlántico, de la que partió en busca de aventuras y donde pudiera saciar su sed de libertad, oro y rojos amaneceres que precedieran la lucha sangrienta por el dominio del océano. Víctimas y amantes quedaban extasiados por su belleza, porque si había algo por la que todos la recordarían, era su maravilloso porte y hermosura. Mery tenía unos ojos capaces de taladrar cualquier corazón por muy amurallado que estuviese. Su azul profundo rivalizaba con el mar, y si podías mantener la mirada lo suficiente, se adivinaban olas y mareas de gran fuerza capaces de arrastrar a cualquier desdichado hacia el fondo por un remolino de amor. Su piel brillaba bañada por la luz del sol y de la luna, como una capa fluorescente y cegadora que a la vez atraía e intimidaba. Pocos pudieron tocarla, pero los afortunados describían mil y una texturas, desde el terciopelo a la cachemira, una excitación de los sentidos, valles y montañas que se recorrían sin descanso. De todas las batallas en las que Mery fue vencedora, sin duda la más dura fue contra su peor enemigo, el pirata Leu. El pirata Leu era un temible guerrero que acababa con todas sus víctimas sin piedad; no las mataba al instante, sino que las hacía pasar por un eterno tormento hasta que rogaban que las dejara morir. Se regocijaba hasta tal punto que no le importaba más botín que el sufrimiento ajeno. Mery fue capturada por sorpresa por Leu, mientras bailaba desnuda a la luz de la luna llena al son de acordes caribeños; el único momento en el que se dejaba llevar por el ritmo de la música era el más vulnerable, y esto lo sabía Leu muy bien. Meses que aterrarían hasta el más valiente de los hombres pasaron inmisericordes en la prisión en la que Mery resistía con tenacidad las más rocambolescas torturas que le habían preparado. Hubo momentos en el que quiso dejarse morir, rendirse a lo inevitable, coger el camino fácil que la llevaría por fin al descanso eterno. Pero resistió. Y un día de luna llena, una muy parecida bajo la que fue capturada, Mery logró escapar de su cautiverio gracias a su fuerza y coraje. Leu se volvió loco de rabia, gritos de furia se escucharon en todos los confines del Caribe, y todos los hombres de razón se ocultaron en sus casas y no salieron hasta dos meses después, con tal de no interponerse en su camino de búsqueda y destrucción. Nunca más se supo de la preciosa pirata, pero aquellos marineros que se atrevían a viajar más lejos que nadie aseguraban que ella había vuelto a la isla en la que nació, en algún lugar cercano al Continente Negro, donde se recuperaba de las profundas heridas que le habían inflingido. Si se les invitaba a dos vasos generosamente bañados en ron, estos marineros juraban por la tumba de sus madres que habían visto bailar a Mery a medianoche, en lo alto de una colina de una isla cuyo nombre no podían recordar, bañada por la luz de la luna llena, su piel brillante, su cuerpo contorneándose sensualmente, su mirada navegando por el océano profundo que una vez dominó. Una vez escribí este cuento a una persona muy especial para mí. Siempre la he admirado por su entereza, su amor a la vida y su eterna sonrisa. No soy capaz de imaginar lo duro que fue enfrentarse a la enfermedad encarnada por el pirata Leu como ella lo hizo, y es posible que la mayoría de nosotros no disfrute de cada segundo de la vida como ella lo hace ahora. Ella me recuerda en mis pensamientos lo bonito que es todo esto,y la verdadera importancia que tienen las cosas. Me ha dado permiso amablemente para poner este relato. Dedicado a tí, Mery. Gracias por los momentos que compartimos. April 29 La caja de música
Elisa se la regaló de vuelta de uno de sus numerosos viajes a Barcelona. Le encantaba traerle pequeños detalles para disfrutar de su sonrisa sardónica y expectante, sus cejas arqueadas por la sorpresa y su risa infantil de satisfacción. Se había convertido en una pequeña broma entre ellos, esos regalillos después de los viajes que competían por arrancar carcajadas o sorprender de la manera más original posible. Preservativos fluorescentes, camisetas hawaianas, una caja de madera hortera comprada en un chino, pequeños cacharrillos inútiles comprados en un rastro, objetos que se acumulaban en todos los rincones de la casa y que atraían mucho más el interés de los visitantes que los convencionales y aburridos souvenirs. Cuando Miguel rompió el envoltorio que parecía un papel de periódico con el nombre de la tienda, "Beethoven",a modo de titulares, no pudo evitar fruncir el ceño. "-¿Qué es esto?"-Dijo un poco decepcionado. "Una caja de música. No seas bruto, no puedo creer que nunca hayas visto una. Además, mira lo que pone la etiqueta." La etiqueta ponía "Para Elisa" en letras mecanografiadas. Era una de esas cajas con las que moviendo una manivela, se hacía girar un rodillo que al entrar en contacto con unas laminillas metálicas a modo de cortinillas, les arrancaba las notas que por arte de magia se juntaban en una preciosa melodía. Y por supuesto la canción era el "para Elisa" de Beethoven, una partitura que adoraba desde niña. Siempre bromeaban con que el gran compositor se enamoró de ella una noche en la que soñó con el futuro y le dedicó una de sus obras para el piano más conocidas. " De acuerdo." Admitió Miguel. "Una vez más me has pillado por sorpresa. Siempre lo haces" Palabras que se deslizaban de unos labios a otros. Cuando Miguel giró la manivela para arrancarle las notas a la caja, Elisa no pudo evitar reírse, de esa manera que a él le parecía tan suave y relajante como las olas rompiéndose sobre la costa o una pequeña cascada susurrante en medio del bosque. "No es tan fácil. Tienes que girarla de tal manera que la canción suene como el original, ni tan rápido ni tan lento, no olvides el compás. Si no, suena deslavazado." Pero por más que lo intentaba, Miguel no conseguía que la canción sonara correctamente. "El viejo Ludwig debe estar retorciéndose en su tumba" exclamó apesumbrado, y abandonó la tarea dejando la cajita encima de unos libros que coleccionaban polvo, para dedicarse con esmero a recorrer con la yema de los dedos las montañas y valles del cuerpo de Elisa, encantado como un ciego leyendo la historia más sensual del mundo. Y pasó el tiempo, implacable, y a la caja de música le siguieron otros muchos regalos, algunos más divertidos e intrigantes, otros que no duraban más de los cinco minutos de risas y explicaciones, todos excusas para juegos de caricias, llaves para poder entrar en la tierra de los gemidos y las sensaciones; y la caja permaneció olvidada encima de esos libros, esperando pacientemente a volver a invadir la habitación con sus notas deslavazadas. El día que Elisa dejó de existir se llevó con ella todos esos regalos. Perdieron todo su sentido, el alma que los mantenía vivos se desvaneció con un suspiro y se convertieron en carcasas vacías, recuerdos de tiempos mejores que no volverían a repetirse. Miguel se encontraba sumergido en un mar de oscuridad en el que todo lo que acontecía a su alrededor parecía ser visto a través de un escaparate, un mundo irreal, con sonidos apagados y sensaciones entumecidas. Tiró a la basura todo lo que le recordaba a ella, en un intento vano de mantenerla oculta en alguna esquina de su mente y tratar de seguir adelante, como ella hubiera querido, pero era inútil. Ráfagas de aire le traían el olor de su perfume de jazmín, por las noches sus dedos palpaban las sábanas buscando la suavidad y el calor de su piel, sus labios ansiaban volver a envolver su rostro de besos suplicantes, incontables veces salía a asomarse a la ventana porque ella le llamaba desde la calle...Elisa, Elisa, todas las palabras escritas en las revistas y en los libros eran su nombre. La caja de música apareció por sorpresa, triunfante, resucitando del olvido cual ave fénix, cubierta de polvo y semioculta entre los libros, agazapada esperando su hora. Y Miguel pensó en tirarla inmediatamente. Lanzarla con todas sus fuerzas a la pared para regocijarse con su propio dolor y barrer sus pedazos tal como barría los restos de su vida, para tirarlo todo a la basura. Casi sin darse cuenta le dió a la manivela, con lentitud, dejando que las notas se desperezaran y escapasen dulcemente. Y el "Para Elisa" sonó como nunca, una melodía que le pareció embriagadora, que le trajo memorias de ella a su lado, con su risa que recordaba al agua que fluye en los arroyos, su pelo rubio que brillaba lleno de vida a la luz del sol, sus ojos azules en los que podría perderse para siempre, las curvas de su cuerpo en las que durante tantas horas se deleitaba en recorrer con sus dedos. La podía ver junto a la ventana, entrecerrando los ojos mientras los rayos de la primavera la bañaban, tan real que hasta su perfume le llegaba intensamente traído por la brisa. "Lo estás haciendo bien". Le decía. "¿Ves que no era tan difícil?" Y él se reía radiante de felicidad. "Parece que estás aquí, eres tan real, no quiero despertar de este sueño" palabras que sabían a lágrimas al salir de su boca. Y ella se volvía a reír, y todo parecía ser como antes. Lo pasado una terrible pesadilla, el presente era ella. Y entonces dejó la caja para levantarse a tocarla, a acariciarla, a recorrer su cuerpo con la lengua y dejar que secara sus lágrimas a besos,...y Elisa desapareció. De pie como estaba, le fallaron las fuerzas y se arrodilló en el suelo gimiendo, seguro de haber sido vencido al fin por la locura. Tras unos minutos reunió las fuerzas suficientes para levantarse. De repente sintió fuertemente que estaba siendo observado y al darse la vuelta, allí estaba la caja de música, tal como la había dejado. Una presencia ominosa esperando sobre la mesa. Miguel se acercó tambaleante y sin pensar en lo que estaba haciendo, empezó a hacer girar la manivela. Tras las primeras notas un dulce perfumen de jazmín comenzó a rodearle, y entonces, Miguel comprendió.
Y Miguel volvió a ser feliz, a canturrear en la ducha por las mañanas, a no tomarse demasiado en serio a sí mismo, a viajar a sitios en los que nunca había estado, a leer con avidez, a abrazar a quien quería, a sentir pasión, a enamorarse, a vivir. Y donde que quiera que fuese, llevaba consigo su cajita de música. Y cada vez que se sentía solo, o si pasaba por malos momentos, o necesitaba consejo, o simplemente recordar con una sonrisa tiempos pasados, se dejaba envolver por las notas de Elisa que olían a perfume de jazmín.
Dedicado a M. Gracias por aquellos momentos que apenas duraron un suspiro.
April 04 Look at me...Last Sunday i went out to buy the newspaper and start the day in the best way possible: sipping a cup of coffee, complaining about the crazy news and feeling with delight the sun heating my skin.
When i arrived to the bar, familiar faces greeted at me by nodding slightly. I saw with a pleasant surprise that my old friend Dick was sitting next to the jukebox having a generous breakfast, lost in his thoughts.
I patted his back knowing that i would startle him, making him come back from wherever he had chosen to wander with his mind.
"Hey" he smiled at me, dreamily. " You seem to be in love, my friend" i said with a grin. "You are not wrong...as sharp as usual". He answered.
"Well, you are taking too long already to tell me the story" I said expecting another of his exaggerated tales of love and hate. They were entertaining, sometimes humorous, at least much better than the morning news of death and destruction.
He talked slowly, savouring every word as if they tasted sweet.
" Yesterday I met my wife. I was walking fast to my work. I had like thousands of things to finish before my boss noticed my poor performance of the previous day (result of a night of alcohol and self-compassion).
I cornered the street that i must have passed by like one million times, automatically, the way we do a routine we are too bored about, and then i saw her. Like a flash on my brain i stopped thinking about anything else and she occupied all room until the last remaining brain-cell.
She was beautiful. Her red hair on fire, blazes burning my body with passion. Blue yes that stared at me for centuries. They scanned me, they ran through all my body leaving me naked, they left me as vulnerable as a baby, and i couldn 't do anything more than contemplate her graceful figure and implore for mercy.
I dared to look through her eyes and i saw my unborn children in there. I saw myself in our wedding. She wore blue, she always loved the blue color. I had invited my parents after not having spoken to them in 10 years. We made love that night as if our lives depended on it. We had a boy and a girl, called them Charlie and Martha. I loved them so much that it hurt. We had a big house next to a lake, where it seemed that civilization wouldn't reach to trap us in its noisy dirty claws. I never was unfaithful to her. She said to me I love you every morning.
And then i found myself looking at the street. She had surpassed me. I wanted to look back. I was sure she would do it. I couldn't. I kept walking cowardly..." Then he stopped talking, eyeing blankly at the jukebox, like waiting for his favorite song that would never play.
I felt devastated. "You let her go..." "Yes" he looked at my eyes. "Tell me that something like this has never happened to you before. Lie to me".
Of course, I couldn't. "But i don't see you sad. You look even happy."
" Right... Maybe because i had this great chance of sharing my life with the most beautiful woman in the world"
He smiled, but this time i glimpsed some sadness that he would never admit. "Let's have a beer. I invite" I told him.
Then we discussed the damn news of the day.
(Mirko Cano)
Dedicated to my english-speaking readers ;-)
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