| mirko's profileRecuerdos digitalesPhotosBlogLists | Help |
|
|
February 09 2008 o el año en el que quise cambiarComenzó el 2008 con la calma después de la marejada que significó la posibilidad de marcharme a trabajar a Canadá. Atrás quedaron las dudas, las angustias y las noches sin dormir. Me acompañaba una cierta sensación de tranquilidad, de haber tomado la decisión correcta, pero ante mí me amenzaba la incertidumbre de hacia dónde quería conducir mi vida. Lo que tenía claro es que necesitaba un cambio, necesitaba moverme, seguir mi particular búsqueda de algo que llenara el vacío que invadía mi alma, sentía la necesidad vital de conocer gente.
Hasta pronto. January 19 Una deudaEl pasado fin de semana regresé a Valladolid después de cinco meses de haberla dejado como un amante despechado, sin mirar atrás, sin remordimientos. Fue como volver de unas cortas vacaciones, la antigua casa donde pasé dos años de mi vida me esperaba allí, con las baldosas de la cocina levantadas, el calendario de la Fotogramas con estrellas glamourosas de cine sonriéndonos durante la cena y ese salón enorme y desvaído donde se te congelaban el cuerpo y las ganas de hacer cosas nuevas. Abandoné Valladolid cuando la desidia había ennegrecido mi corazón y la soledad me entumecía. Escapé de Valladolid porque la soledad me agarrotaba, y no quise decirle adiós. De vuelta a Pucela, comí las tapas de siempre en La Sepia, el Vino Tinto y el Corcho; me tomé un capuccino en donde pasé solo tantas tardes sorbiendo café y leyendo libros sobre fotografía, todo seguía igual pero todo era diferente. Mis antiguos compañeros de trabajo me felicitaban por mi marcha, y David, mi ex compañero de piso francés me contaba sus planes para irse a vivir con su novia. Recordamos con risas nuestros dos años en compañía, charlando en la cocina sobre chicas, compartiendo quesos franceses en el postre, esa monumental borrachera que pillé con chupitos, los frikis que pasaron, el “oh la lá” o sus estridentes carcajadas que recorrían el piso un día sí y otro también…y no podía creerme que hubiera pasado tres años en esa ciudad. Se fueron tan rápido que sentía cómo se me escurría el tiempo entre los dedos durante todos esos fines de semana solitarios que siguieron a los dos primeros años de viajes desenfrenados. Marché sin mirar atrás, temiendo convertirme en estatua de hielo, pero ahora que los buenos recuerdos me invaden (Laura, Javi Manzano, María, Amy,Anne,Cristina, las clases de francés y de dibujo, correr junto al Pisuerga, los partidos de fútbol sala, la tranquilidad, la calidad de vida, los pinchos de tortilla con pimientos…) siento que le debo algo. Le debo un adiós, un abrazo de reconciliación, unas gracias por haberme acogido. Un hasta siempre.
Dedicado a Mónica ;-) August 17 Mirar a las estrellas¿Cuántos de vosotros ha visto una lluvia de estrellas?
A mí desde pequeño siempre me fascinaron las estrellas. De hecho me interesó mucho la astronomía; tenía mi pequeño microscopio con el que escrutaba el universo esperando encontrar otras formas de vida, esas galaxias que salían tan bonitas en las fotos, el rojizo planeta Marte surcando lentamente el cielo...
Con varios de mis amigos nos acostábamos en la azotea de la casa que teníamos en el pueblo, con un bol de palomitas, una manta y una almohada. De ahí surgieron grandes conversaciones sobre el origen de la vida y del universo, lo aterrador que es el concepto de infinito y eternidad, de la existencia o no de un ser Supremo, nuestras expectativas de futuro y problemas personales que parecían tan insignificantes ante la enormidad del lienzo que se extendía ante nuestros ojos.
Sin las luces parásitas que contaminan nuestros cielos, un paisaje de enorme belleza nos envuelve formando una cúpula repleta de miriadas de puntitos brillantes que nos envían rayos de luz provenientes de miles de años atrás, como agotados mensajeros del pasado que nos susurran noticias pasadas de moda.
La vía láctea que recorre el cielo como una grieta de la que se derraman las estrellas, las constelaciones que alimentaron la imaginación de los antiguos (nunca me las aprendí :-( ), por ahí Venus (la luz más brillante del cielo), Mercurio que es el primero en salir con el ocaso, las Pléyades agrupadas de manera destacable como tratando de defenderse de una constelación enemiga...y si tienes suerte verás con los prismáticos una luz pequeñísima surcando el cielo a una velocidad anormal: un satélite.
Con estos prismáticos los cráteres de la luna arrojan sombras sobre su superficie y casi podemos tocarla, nos imaginamos saltando sobre esa arcilla grisácea que tiene de suelo, rodeados de un silencio demoledor y con la Tierra saludándonos, azul toda ella, desde el horizonte.
¿Habéis visto una lluvia de estrellas? Verla desde un paraje tan evocador como las Cañadas del Teide, donde el silencio ensordece tus oídos y fuera de toda luz intrusa, es una experiencia maravillosa. El juego de encontrar estrellas fugaces se convierte en una cuenta a la manera del Conde Drácula de Barrio Sésamo: una por el rabillo del ojo, otra enorme surcando el cielo y dejando una estela de luz como un cohete,...y así hasta 70 u 80 en pocas horas. Te olvidas del frío, te olvidas de todo, y te congratulas de poder respirar este ambiente rodeado de tusd amigos...
Ojalá algún día todas las luces del mundo (o más bien de la mitad que está a oscuras :-) ) se apagaran para que los hombres miraran sobre sus cabezas por primera vez y se dieran cuenta de lo que son, que recapaciten de lo imbéciles que son muchos de sus actos, que estamos solos en un punto insignificante de la galaxia y que nos tenemos los unos a los otros; nadie más va a venir a decirnos lo que tenemos que hacer y desenredar semejante entuerto que nos hemos creado; somos todos iguales, y si nos extinguimos algún día, el universo seguirá adelante dejándonos atrás como un mal sueño que apenas duró un nanosegundo.
June 04 Cuenta conmigoFuera de lo que son las novelas de terror por las que es más conocido, hay una cosa en la que Stephen King destaca por encima de todo: saber describir como nadie la nostalgia y las emociones humanas. De ahí han salido maravillas como los relatos cortos "cuenta comigo", "Cadena perpetua" o la novela "It".
Algunas de ellas son un canto a la amistad y a la profunda nostalgia que siente por su niñez. "Nunca he tenido amigos como los que tuve a los 12 años. ¿Alguien si?" Así acaba la película "cuenta conmigo" que acabo de ver esta noche. Hacía muchos años que no la veía. De hecho recuerdo la última vez que la vi. Estaba en la casa en la que vivía mi padre recién separado de mi madre, un cuarto sumergido en la penumbra rota por las imágenes parpadeantes del televisor y yo acostado en la cama viendo la película a través de nuestro primer video VHS.
Al acabar ésta me invadió una profunda emoción. Sentí nostalgia por algo que se me escurría por los dedos como arena, por mi propia infancia que estaba próxima por acabarse. Fui consciente por primera vez de que pasaba por la mejor época de mi vida. Aquella en la que nos sentimos capaces de hacer cualquier cosa, en la que nos desentendemos de los problemas de los adultos y nos sentimos felices por ello, donde los veranos eran eternos y cada día era un desafío para nuestra imaginación.
No sé si maduré aquella vez, pero me di cuenta con amargura de que tenía que aprovechar ese momento que nunca más volvería. Quise más que nunca salir de acampada otra vez, irnos de excursión al monte, bañarnos en la playa y coger olas hasta que la piel de nuestros dedos se arrugase, disparar latas con la escopeta de balines, grabar programas de radio con la grabadora de cinta, recorrer la casa con nuestra bolsa de juguetes en busca de nuevas aventuras...
Aún recuerdo volver de la playa con mi hermana justo a las 5 para poder ver "Nils Holgersson" ; ese niño que por ser cruel con las ocas se convertía en un Pulgarcito y emigraba con ellas. Recuerdo las ambrosias de color rosa y el colacao que me ponía mi madre de merienda...Recorrer el callao durante la marea baja con Don Chano, aquel viejo medio borrachín que me llamaba "Mingo"; cogiendo lapas, buscando las casas de los pulpos, resbalando entre las rocas y maravillándome de los tesoros que dejaba el mar al retirarse.
Tengo todos estos recuerdos bien enterrados en mi memoria, porque la nostalgia es peligrosa. Lo de "cualquier tiempo pasado es mejor" te impide vivir el presente. Pero cuando es momentos cómo éste se liberan y salen a la luz, nostalgia y amargura se mezclan dentro de mí.
¿Cuándo me hice mayor? ¿en qué momento perdí mi niñez? ¿cuánto de ese niño conservo todavía? ¿qué hubiera pensado si me hubiera visto a mí mismo 15 años más tarde?
April 27 VolverSiempre me pasa igual. Pueden pasar meses sin echar demasiado de menos mi tierra y cuando vuelvo algo dentro de mí sale a la superficie, como oculto esperando al momento adecuado. En cuanto se ve desde el avión al Teide asomándose imponente sobre las nubes, saludándome orgulloso, la añoranza se apodera de mí por sorpresa. Luego atravesamos las nubes y se ve la costa familiar, las montañas escarpadas que dominan la orografía de la isla como un manto arrugado, la mancha amarilla de la playa de las Teresitas, la universidad de La Laguna con el blanco edificio de la facultad de físicas reflejando con descaro los rayos del sol...y luego aterrizamos sobre el aeropuerto de los Rodeos. Pequeño y coqueto. Se abre la compuerta y se oyen las primeras voces con acento.
A mí me encanta oir el acento de mi tierra: "¿Qué pasó, mi niño?" sonrío y trato de hablar sin que se me note que paso mucho tiempo en la península. Es suave, acogedor y recomfortante.
Salgo al que fue mi mundo durante tantos años y ya huelo a monte y a playa. Huelo a chancletas, a bronceador sobre pieles morenas y a papas con mojo. Veo a los niños corretear alrededor, negros por el sol, a las guaguas verdes recorrer a toda velocidad las malterchas calles en obras, a la gente tranquila que pasea en bermudas y camisilla por las ramblas. Saboreo el barraquito con licor por las mañanas mientras leo el Diario de Avisos, el zumo de vitaminas del "Viva María", los bocadillos de tortilla de chacina de "La Garriga", los helados italianos de la Avenida de Anaga y los camarones del bar de Manolo en Igueste.
Sumerjo mi cara en la suave barriguita de mi gato que duerme en mi cama y me siento seguro. Salgo a correr por la avenida de Anaga y sudo con gusto disfrutando de la humedad y del viento que trata de borrarla. El mar a mi derecha, el auditorio de Calatrava por detrás, gente paseando en bicicleta a mi alrededor.
Veo el paso del tiempo en las caras de mis amigos. Pueden pasar meses pero sólo sus cuerpos cambian. La vida no quiere cambiar allí. Se encuentra cómoda y le saca la lengua al tiempo, a las prisas y al agobio. Recordamos tiempos pasados y nos contamos lo que esperamos de los tiempos futuros. Las viejas bromas surgen y nos volvemos a reir con ganas de ellas. Me preguntan cómo me va, me admiran por haber llegado hasta aquí, por viajar tanto, por hacer cosas nuevas y diferentes, que cuándo voy a volver. Yo les digo que no sé, que depende de mis vacaciones y de los billetes. Quizás unos meses.
Me levanto el último día en mi tierra y me pregunto "¿Y si me quedo? ¿Y si lo mando todo a la porra y mañana en lugar de ir a trabajar a Valladolid me voy a correr a las Teresitas?"
Nunca es suficiente. Siempre quedan cosas en el tintero, cosas por hacer, gente que ver, planes por realizar. Y me veo otra vez en el avión, melancólico en mi asiento junto a la salida de emergencia (donde hay más espacio), pensando en lo que dejo atrás y en el largo camino que me espera adelante.
Sé que si me quedara, tras unas semanas me aburriría. Quiero ver mundo. Quiero conocer gente. Quiero hacer cosas nuevas.
Entonces el avión deja de tocar tierra y suspiro. Hasta la próxima vez.
|
|
|